En la Historia de la Antigua Europa, la palabra bardo hacía referencia al poeta casi sagrado e inviolable que trasmitía
historias y leyendas de sus pueblos. En la Argentina contemporánea, la palabra bardo proviene de las cárceles
en donde los presos la usan en forma de código para generar dentro de los pabellones revueltas y motines En el
Libro tibetano de los muertos, la palabra bardo refiere al estado de transición entre dos vidas, luego de la muerte
y antes del próximo nacimiento. En el campo de la pintura, ese estado de transición es el que se puede apreciar
en el movimiento pictórico expresionista, desplegado en esta muestra: es el momento de la acción creativa que
se desprende espiritualmente de forma enérgica y que se deposita en la tela intermitentemente; es una visión
subjetiva, una deformación emocional de la realidad a través del carácter expresivo de los medios plásticos, una
concepción existencial liberada al mundo del espíritu que expresa la preocupación por el estado entre la vida y la
muerte.
Las obras de los artistas reunidos en la exposición giran en torno a la pintura en estado salvaje, pinturas saturadas,
densas, matéricas, abstracciones psicodélicas.
Las rabiosas obras de Leandro Ramírez parten de una fauna deformada. La pintura explota en la tela recargada
con trazos electrizados, chorrea velozmente, sale del plano y genera imágenes de ensoñadas pesadillas. Ramírez
afirma que sus pinturas no son mansas y decorativas, le interesa rodear y satirizar la domesticidad, la seguridad y la
aparente neutralidad del arte en el campo social.
Lucas Welsh refleja distintos estados visuales, distorsionados. El color vibra y se envuelve en formas parásitas,
orgánicas y matéricas. Superpone una geometría falaz que escapa la voluntad de mirar. Por sus pinturas o arquitecturas
el espectador transita por elevadas sensaciones que escapan de lo real.
Los retratos y personajes Nicolás lillo son de extraña procedencia. Ultramega recargados de color, se derriten
formando mutaciones de una cultura densa en estado putrefacto. Lillo nos cuenta que para magnificar esta revuelta
lleva a cabo una serie de entorpecimientos pictóricos: el sobre-arrepentimiento, la tachadura, el empeoramiento
bastardeado y velado en autorretratos modelados con un torrente de plus-vida multicolor.
Finalmente, las pinturas de Julieta Oro entran en estado explosivo de colores neutros y saturados. El pincel
realiza su trayecto infinito sobre la tela explayándose libremente. Su obra no se preocupa por los aspectos formales
de la pintura y sus características son el dinamismo y el sentimiento, es por esto que están impregnadas de un
salvaje primitivismo, la esencia espiritual de la realidad combinada con la agresividad directa sin mediación del acto
consciente.
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